29 Dic Aristócratas: «A través de un discurso de odio se intenta censurar, segregar y perseguir»
El mes pasado, el colectivo upZurdas presentó la obra Aristócratas: crónicas de una marica incómoda. El lugar molestó a grupos conservadores: la Capilla del Museo de la Ciudad. Escudados en la religión, reaccionaron con virulencia en redes sociales e iniciaron una inquisición con desinformación y mensajes que incitaban al odio.
VÍCTOR H. CARREÑO
FOTOS DE IMAGEN DE APERTURA: ALEJANDRO RAMÍREZ ANDERSON
De Aristócratas: crónicas de una marica incómoda, obra que se presentó los pasados 27 y 29 de noviembre en la Capilla del Museo de la Ciudad de Quito, se dijo de todo: polémica, blasfema e irrespetuosa con las creencias religiosas, pese a que la capilla donde se escenificó está desacralizada desde 1998, y a que la obra -inspirada en los textos y performances de Pedro Lemebel- no se centra en las creencias católicas, sino en las opresiones e injusticias sociales.
La Arquidiócesis de Quito emitió un comunicado en el cual indicó que la obra “ofende gravemente la sensibilidad” de la comunidad católica, y el movimiento Firmes -que en su página web se autodenomina como una agrupación que protege “la vida, la familia, el orden y la libertad”- fue más allá y en un posteo en X (antes Twitter) señaló que “la Iglesia acoge al pecador, pero no convierte sus espacios sagrados en escenarios para espectáculos de carácter pornográfico y burlescos”. Y no solo fueron textos en redes sociales, hasta hubo un plantón en Quito para protestar.
Poco, sin embargo, se ha hablado de lo que despertó: discursos de odio y censura a las expresiones artísticas de personas LGBTIQ+, En una entrevista con edición cientonce, Alberto Macías, cofundador de upZurdas —colectivo creador de Aristócratas—, habló de los peligros que se esconden en los intentos de censura y en la proliferación de soflamas plagadas de odio, muchas de ellas propagadas en redes sociales y hasta en una intervención en el pleno de la Asamblea Nacional.
PREGUNTA: Aristócratas: crónicas de una marica incómoda es una obra que pone en evidencia la discriminación hacia grupos vulnerables, entre ellos el colectivo LGBTIQ+, y lo que provoca en grupos antiderechos justamente es un discurso de odio y la censura a expresiones de arte de quienes son parte de las diversidades sexo-genéricas. ¿Qué opinas de las virulentas reacciones que la obra ha generado entre los grupos antiderechos?
RESPUESTA: Precisamente, la obra denuncia este tipo de acciones. De hecho, una parte completa de Aristócratas habla sobre la sociedad que considera a la religión como exclusivamente suya y que utiliza su discurso de odio para atraer a mucha más gente a dañar a personas LGBTIQ+. Para nosotres, fue como una especie de premonición o de un sentido muy espiritual. Sentimos que incluso sirvió para que el espíritu de Pedro Lemebel, de cierta forma, hurgara en estos grupos y sacara a la luz esta realidad. Siempre nos ven como segregados, apartados, y vamos a darles ‘este poquito’ para que lo disfruten de cierta forma. Una muestra contundente de todo esto es el hecho de que un espacio que es público, al que se ingresa por medio de concursos o de propuestas colaborativas —en el caso de Upzurdas fue por una coproducción— ahora quiera ser negado y censurado. Muchos de los comentarios que hemos recibido en redes son: «pero ustedes manténganse allá», o «ustedes hagan las cosas en sus lugares», pero a nosotres nos pertenece el mundo entero, igual que a todes, y los espacios públicos son, precisamente, eso: públicos. Lo que realmente escandalizó a estas personas no fue la obra, fue el hecho de que la comunidad LGBTIQ+ pisara un lugar que para ellos, entre comillas, es sagrado.
P: Personalmente, ¿cómo lo están viviendo?
R: Nos cayó como un balde de agua fría, a todes. Nos ha afectado muchísimo. Hay personas que incluso tienen nuestros números telefónicos y que han llamado para decirnos «los pueden buscar», «les van a hacer esto» o «les pueden hacer daño». Una persona del colectivo entró, a raíz de este hecho, en depresión. Afortunadamente, como está recibiendo ayuda psicológica, ha salido adelante.

La obra, con seis personajes en escena, está inspirada en los textos y performances del escritor chileno Pedro Lemebel, quien en su trabajo abordó temas relacionados con los grupos empobrecidos de su país y las distintas realidades de las personas LGBTIQ+. Este año se cumplió una década de su muerte y upZurdas buscaba rendirle un tributo a uno de los principales referentes de la crónica latinoamericana. Además, coincidía en noviembre con la conmemoración de la despenalización de la homosexualidad en Ecuador. Hasta 1997 éramos delincuentes. 28 años sin serlo, pero, paradójicamente, la obra avivó una inquisición.
P: ¿Qué interpretación le das a todo este rechazo? ¿No se trata solamente de censura sino de criminalización a través del discurso?
R: Totalmente, se nos está criminalizando, y a través de un discurso de odio se intenta censurar, segregar y perseguir. Nos han expuesto en redes, han mostrado nuestras caras, han proferido insultos contra nosotres, han expresado su odio libremente con comentarios como «¿por qué no lo hacen en una mezquita para que vean que no duran ni un día?» o «vamos a bañarles con agua fría»… Además, dicen que hubo una especie de sacrilegio en un lugar que, en realidad, no tiene ningún tipo de uso religioso. Es muy peligroso lo que está sucediendo.
P: El escudo de estos grupos es que, supuestamente, la obra es blasfema porque se hizo en la Capilla del Museo de la Ciudad, que está desacralizada, pero la obra como tal no trata de temas religiosos, sino de grupos discriminados y excluidos por distintas opresiones…
R: La estética religiosa fue casualidad en gran parte por el tema de la capilla. Solamente una de las performance tocaba el tema religioso y no es una crítica ni un señalamiento a la religión. Al contrario, es una reflexión sobre la espiritualidad de las personas de la comunidad que también pueden creer, qué sé yo, en la Virgen, en los santos, en Obatalá o en quien sea, y al final son segregadas por ser queer, travestis o trans. Hay un personaje que se llama La Santa, que fue utilizada en muchísimos medios porque tenía un velo y una especie de corona. Cuando elegimos el vestuario de este personaje, dijimos “vamos a ponerle un velo” porque la gente iba antes a misa con esa prenda. Esta performance es muy importante porque el personaje representa a la comunidad travesti-trans que va a la iglesia o a un centro de oración para encontrarse espiritualmente con sus hermanas fallecidas, y ahí hay una reflexión sobre todas las mujeres trans que han sido asesinadas en Latinoamérica. Entonces, los aristócratas la golpean, la vejan, la desnudan, y eso es justo lo que está sucediendo con Aristócratas ahora.

En la obra, La Santa, interpretada por Ifigenia, una de las fundadoras de UpZurdas, entra a una iglesia (la capilla complementa la escena). En el mismo lugar, La Aristócrata, otro de los personajes, está orando y al percatarse de la presencia de La Santa, la insulta. Con prepotencia ordena que salga porque ese no es un lugar para una travesti. La Santa no responde, está concentrada en un canto. La escena termina con violencia: La Aristócrata la maltrata y golpea. La Santa queda sola en el lugar y proclama un monólogo sobre las personas trans segregadas, apartadas y asesinadas. Ella ha acudido a la iglesia para recordar a sus hermanas fallecidas, víctimas de transfemicidios y delitos de odio.
P: ¿Se sienten de alguna manera identificades con ese personaje?
R: Sí, de hecho el alma de Aristócratas es La Santa, que de alguna forma reclamó un lugar importante en este momento histórico y quiso exponer a estas personas. He estado en un proceso de reflexión muy largo y ahora valoro muchísimo más a Aristócratas que cuando la escribimos. Siento que es una obra que logró salir del teatro o de la sala donde la presentamos, expandirse por todo Quito, y poner de manifiesto todas estas realidades terribles.
P: Hay una línea muy difusa entre los discursos de odio y la censura de obras de artistas maricas. ¿Qué tan peligrosa es esta censura?
R: Hubo censura y hay ganas de censurar. Lo que están pidiendo es que no se vuelva a presentar una obra así; lo piden personas que no la vieron y que no les interesó verla. Con ello están buscando que no se vuelvan a presentar maricas en la Capilla del Museo de la Ciudad. Hubo censura cuando comenzaron a decir que pidiéramos perdón, o que pidieran perdón por nosotres; hay censura con el deseo de que no se vuelva a presentar la obra.
P: Hubo unas disculpas por parte del alcalde de Quito, Pabel Muñoz, y un comunicado de la Fundación Museos de la Ciudad, en el cual —entre líneas— hay disculpas, pero a la vez aclaraba que la capilla estaba desacralizada. ¿Ustedes tomaron estos actos como una censura indirecta o como un intento por censurar la obra?
R: Por parte de la fundación sí lo sentí como una disculpa disfrazada. Por parte del Alcalde, siento mucha pena de que se haya tenido que pedir disculpas, o se haya visto en la obligación de hacerlo, porque esto no es un tema por el cual una persona deba disculparse. Más bien, debería velarse porque seamos cada día más conocedores de lo que el arte propone y de que no se satanice el concepto del posporno, que nace precisamente como una crítica a la pornografía hegemónica.

El posporno -se aborda en la obra, pero no es lo único- es un movimiento artístico que cuestiona los códigos patriarcales de la pornografía a través de representaciones feministas y queer. En redes sociales, sin embargo, se viralizaron desnudos sin mayor contexto. Tras la ola de desinformación, prejuicios y señalamientos en redes sociales, la Fundación Museos de la Ciudad publicó un comunicado el 1 de diciembre en el que lamentaba haber ofendido las creencias de una parte de la ciudadanía. Pero no solo eso: en el sitio web de la fundación, ya no aparece la información relacionada con la obra, como si no hubiera sido parte de la agenda de actividades culturales. Un día después, el alcalde de Quito, Pabel Muñoz, pidió disculpas públicas en la sesión de Concejo por la presentación de Aristócratas.
P: ¿Te parece que es peligroso disculparse y que se haya cedido a presiones de grupos antiderechos?
R: Sí, por supuesto. Es peligroso y es un retroceso en la lucha de derechos, es un retroceso rotundo no sólo para nosotres, sino en general para toda la sociedad, porque ahora en la Capilla del Museo de la Ciudad, o en el mismo museo, sólo podrán presentarse obras con filtros, precensuradas, predeterminadas por estos valores cristianos o con tintes religiosos católicos, porque cuando vean un ritual andino, por ejemplo, también van a culparnos de brujas. O cuando haya una obra feminista van a salir los machitos blancos a decir «no, pero las mujeres no pueden expresarse así en la capilla». Lo que sucedió representa un retroceso rotundo.
P: Los discursos antiderechos llegaron también a la Asamblea; el legislador Andrés Castillo, de ADN, usó términos despectivos para abordar el tema…
R: Esta persona está llamando al odio. ¿Sabes qué también es terrible? Que en un país en el que fue despenalizada la homosexualidad y en donde el matrimonio igualitario está vigente, existan personas como este tipo —perdón que lo trate así, pero si él se refiere a las personas trans como “los” trans, voy a decirle este tipo— que muestran su machismo, su homofobia y su transfobia, y lo lascivo de sus pensamientos al decir que los personajes «bailaban en tanga», lo que refleja su conducta morbosa al imaginarnos bailando en tanga en la Capilla del Museo de la Ciudad cuando en realidad presentábamos una obra de teatro. El que un discurso basura como el que él emitió haya sido aplaudido, aunque sea por un grupo pequeño, a mí me da miedo.
P: Detrás de la presentación de la obra en la Capilla de la Ciudad hubo un proceso con la Fundación Museos de la Ciudad. ¿Cómo fue este proceso?
R: UpZurdas aplicó para un proyecto de coproducción: enviamos el texto, los requerimientos y luego de un tiempo las personas del museo evaluaron la obra. Hubo una revisión previa de Aristócratas. Y todo el tema de logística, escenografía, vestuario y más lo costeamos nosotres. Eso no lo costea el Museo de la Ciudad ni el Alcalde, como están diciendo.
P: Es decir, el financiamiento es completamente de ustedes…
R: Exacto. Nosotros lo financiamos.

Más allá del financiamiento, la obra pasó por el mismo proceso que otras para su evaluación, aprobación y ejecución, según explicó Jorge Cisneros, secretario de Cultura del Municipio de Quito, en la sesión de Concejo del 9 de diciembre a la que fue citado para informar los “detalles del evento” y “los criterios considerados para autorizar la utilización de la Capilla del Museo de la Ciudad”, como consta en el orden del día de esa sesión. En ella, Cisneros explicó que en todas las obras un grupo curatorial especializado en arte “da la línea o no” para seguir con un proceso, y que la obra no tenía como objetivo señalar ni ofender a ningún sector específico. “Lo que se ha hecho tiene otro sentido artístico”, dijo en la sesión.
P: ¿Qué le dirías a las personas que están criticando la obra, incluso esparciendo odio, y no la han visto?
R: A mí me conflictúa un poco dirigirme a estas personas porque sé que no quieren escuchar. Esto es un «te lanzo odio toda mi vida porque no te quiero escuchar y no me interesa escucharte porque eres un maricón». Yo trato de dirigirme hacia mi gente porque somos las personas perjudicadas. Somos las personas que debemos despertar viendo estas realidades que están sucediendo en pleno 2025. Una obra censurada por una comunidad de conservadores religiosos. Esto no tiene cabida en mi mente en este momento de la historia. Que me hables de, qué sé yo, en los 80, en los 70, en los 60, puedo comprenderlo porque no había toda la información que hay ahora y no se había luchado como hasta hoy, pero que me digas que en 2025 existe un grupo de gente rezando el rosario con la imagen de una de nosotras con un círculo rojo en la cara, parece tan irracional.
P: ¿Qué les dirías a las personas LGBTIQ+ que, sin ser violentas, caen en la censura? Porque algunas aprueban la obra, pero están en contra de que se escenifique en una iglesia por el supuesto “respeto”…
R: Sí, lo he visto en redes, gente que comenta, «yo soy gay y primero hay que respetar para que nos respeten”. El respeto no es negociable, no es algo que nosotros estamos pidiendo, es algo que exigimos. Como marica yo no tengo por qué estar pidiéndole a alguien que me respete, yo exijo respeto con mi existencia. He sido señalado, maltratado, insultado, sin haberle faltado el respeto a nadie. En primer lugar, Aristócratas no le falta el respeto a nadie. Si tu discurso es “debes respetar para ser respetado”, a mí me faltaron el respeto en principio. Y en segundo lugar, yo no quiero respeto, yo lo merezco. Esto deberíamos tenerlo todes muy claro porque hay mucha gente dentro de la comunidad que se ha dejado influenciar un poco con esta culpabilidad por existir.